Perú, entre los años 2017 y 2018, tuvo un gran impacto debido a la migración venezolana en donde la música no estuvo absuelta de ello. Emporios como Gamarra o buses son los escenarios para estos luchadores. ¿La coyuntura frenó este tren?
Victor Huisa Salcedo
Pachanga. Término usar para
hablar de una fiesta alegre. Manuel Franco, junto con su hermano Dayann,
tomaron esta palabra para cumplir un sueño que tenían desde niños: dar alegría.
Por ello, en 2009, crean Pachanga Express.
Cantantes iban y venían, por lo
que Manuel decidió tomar la batuta del micrófono y ser, hasta el momento, la
voz actual de la banda. La fortuna los sonreía. Tenían conciertos diarios y se
volvieron conocidos en distintas partes de Venezuela. Barinas y, la cuna que
los vio nacer, Mérida eran los sitios más asiduos. Pero como toda historia,
tiene un gran conflicto.
La comida era la gran carencia en
Venezuela en donde, en ocasiones, se consideraba más valiosa que el dinero
mismo. Franco, desesperado, comía perrerina para sobrevivir. Así que tomó sus
instrumentos y huyó del país.
Desde Mérida hasta Cúcuta, hay 30
alcabalas. Cada una tiene 10 soldados dispuestos a robar a cualquier persona
que se cruce en su camino. Manuel, a golpe de suerte, no sufrió en el trayecto.
No como sus compatriotas que vieron cómo les quitaban todo lo que tenían.
Durante seis meses, Franco vivió
en Cúcuta para luego venir al país de todas las sangres. Instalado en Perú,
comenzó a tocar en Naranjal; pero, vivió la xenofobia por parte de la misma
ley. Tuvo que cambiar de lugar y, en ese momento, conoció al emporio más grande
de Lima. En La Rica Vicky, tocó junto con su hermano y sus colegas con gran
recepción. El destino les guardaba una gran alegría. La hija de La Victoria,
Daniela Darcourt, quiso tocar con ellos en 2018.
Otra piedra en el zapato llegó: la
pandemia. Manuel, en sus primeros meses, no sabía qué hacer. El suicidio lo
sedujo, pero su fe fue más. Sus amigos y vecinos ayudaron económicamente al joven
de Mérida que, hasta ahora, goza en Gamarra con sus instrumentos y su sueño:
dar alegría.
Sin miedo
De orquesta en orquesta, a sus 13
años, Alexander Villareal pasaba su juventud en Valera. Ahora, con 32 años, era
el dueño y corazón de una banda nacida en Perú, pero con alma venezolana:
Rumbave.
Antes de arribar al Perú, pensó
que Ecuador sería una buena opción para resurgir. Su novia y un clima tropical
le esperaban, pero el problema persistía. No encontraba trabajo y, por tanto,
el dinero.
Alexander era uno de 67000
migrantes del país vinotinto que arribaron al país en busca de un mejor futuro
en 2016. Todo con la esperanza de encontrar una respuesta al problema económico
que aquejaba tanto a él como a su hija y su padre que viven allá. Por lo que halló en Perú, su segunda patria y casa, como un nuevo destino.
En busca de seguir con la pasión
de la música, en 2018 conoció a Ramón Angulo, un joven de 35 años, y que,
juntos, tocaban en los microbuses. Normalmente se los considera transportes.
Para ellos, eran su gran escenario.
En vista que la gente apoyaba ese
talento nato que ellos daban, se formalizaron en noviembre de ese año.
Indumentarias, tarjetas y sus redes sociales fueron los primeros pasos para ser
un grupo decidido a todo. Sin miedo.
Día a día, Rumbave, conocida por
llevar rumba en la sangre y en su nombre, veía al 2020 como el gran año ya que
conciertos y sesiones de fotos aguardaban, pero los escenarios bajaron los
telones por el gran villano que aquejó.
La cuarentena frenó todos sus
proyectos, aunque no era motivo para que Alexander y Ramón regresaran a
Venezuela como miles de músicos hicieron este año. Retornar a sus raíces fue la
idea perfecta para que Rumbave suelte esa chispa que tanto les caracterizaba.
Los buses volvieron a ver a la tan dichosa banda este año. Como dicen ellos:
iban con todo, menos con miedo.

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