Siglo XXI y las nuevas generaciones parecen tener otros intereses, vemos a la literatura en los últimos
puestos en la lista de ‘hobbies’ de la gente. Se conocen los beneficios de la lectura y cómo puede ayudar
a uno en muchos ámbitos, la educación especialmente. Sin embargo, se muestran ariscos frente a la idea
de tomar un libro por voluntad propia. Rocxana Croce Portocarrero, psicóloga clínica-educativa,
considera de vital importancia factores como la crianza y el entorno.
Rocxana afirmó que mucho del peso cae en la manera de educar al niño, quien escucha e imita actitudes y comportamientos de sus progenitores, es la base de toda persona. Si crece en un ambiente en el que nadie lee ni se le inculca la lectura, no estará familiarizado con esta. “La familia es muy poderosa, los niños copian patrones de conducta”, aseguró.
En el caso de no formar de niños, ni la costumbre ni el hábito, el siguiente paso es a lo largo de la pubertad y adolescencia. En las cuales la situación sería más complicada, aquí entra el factor entorno. Un adolescente queriendo empezar a leer puede encontrarse con baches a su alrededor.
Croce reconoce las diferentes influencias que pueden afectar a esa edad; por ejemplo, un chico que empieza a leer y se vuelve el ‘nerd’, ‘el aburrido de la clase’, etc. O alguien que tiene cierto interés, pero no toma un libro porque el resto del grupo está en otras cosas. Pueden verlo como una forma de copiar a sus pares, todo esto contribuye a la formación de la personalidad.
Para Rocxana, este sería un factor elemental de este giro en los últimos años, un descenso paulatino, pero que no debemos ignorar. “Nunca es tarde”, aseguró Croce, pero si hablamos del momento oportuno, el papel de los padres es el eslabón más importante.
Experiencias
Entendemos que el tema de la educación puede ser uno de los factores causantes de esta disminución de lectores, pero no debemos creer que, si no se hizo antes, nunca más se podrá. Juan Manuel Robles, un escritor peruano reconocido, estuvo lejos de tener una infancia llena de libros.
Escritores rankeados cuentan que escribían desde muy chicos, que tienen recuerdos de ese interés muy presente a lo largo de su infancia. Pero esto no es una regla de oro.
Uno se puede convertir en un escritor así empezara a leer desde adolescente, en el caso de Juan, a sus 16 años de edad, plena adolescencia. “Tenía todos estos compañeros que habían leído más que yo, eran más cultos, yo recién comenzaba. Ellos me hacían pensar que yo no podría llegar a ser un escritor”, afirmó.
Cursó dos años de ingeniería de sistemas para luego cambiar de profesión por algo completamente distinto, la facultad de Periodismo de la UPC.
Un escolar que tomó un libro, lo enganchó y decidió explorar ese gusto por la lectura, llegar a escribir como un hobbie que mantuvo durante la época universitaria y que terminó en un cambio de profesión, un Máster en Bellas Artes (MFA) en Escritura Creativa por la Universidad de Nueva York, y años más tarde, en cuatro libros publicados.
Robles aseguró que cuando existe el interés en gran cantidad, la habilidad llega sola.
Él, gracias a los talleres que imparte, ahora de manera remota debido a la pandemia, pudo conocer todo tipo de gente. Recuerda un caso en especial de una doctora jubilada de 66 años de edad que se inscribió a uno para aprender a escribir.
Sus padres le negaron estudiar literatura, y ahora que su labor de médico había terminado, buscó la manera de realizar ese sueño. Juan mencionó este testimonio que deja muy claro como al final, lo que cuenta es qué tan grande es esa pasión que sientes por la cultura.

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