A nueve meses de una pandemia que afectó gravemente al cine, salas cerradas, directores, productores y actores quedaron sin aliento alguno. El deseo contenido de grabar no acaba y solo tiene una salida. ¿Podrán las grabaciones cambiar la perspectiva del mensaje?
Director, editor, guionista y gerente general de Big Bang Films, más de
cinco grandes éxitos del cine peruano, tres hijos a los 21 años y dos
matrimonios. Sandro Ventura Mantilla, ex periodista del mundo del espectáculo,
arriesgó todo por empezar un nuevo camino en su carrera, es así que, creó su
propia productora.
Años más tarde, se presentó la suerte de realizar su primera película, “Talk
Show” (2006), una situación compleja para su vida personal; ya que, debía de
pasar menos tiempo con su familia. En sus inicios, se presentaron muchas
vallas, no fue fácil; sin embargo, como lo afirma el cineasta: “si amas lo que
haces, vale la pena el esfuerzo”.
A 15 días de estrenar la película “No me digas solterona 2”, se cerraron
los cines, se dictó la cuarentena, fue como una frenada en seco. “Ahora tenemos
pactada la fecha para el estreno en abril del próximo año”. Además, “estábamos
grabando “Mundo gordo”, nos faltaron ocho días para terminarla”.
El año pasado no fue un año bueno para el cine peruano, las películas de
Disney y de superhéroes superaron los 3 millones, “fue una carnicería”. Hacer
cine, ser director y ser actor finalmente termina siendo una profesión, pero muchos
no lo ven así. “Al gobierno no le importa que sean miles de personas las que se
quedaron sin trabajo”.
Sandro vio que se requería mucha imaginación para cubrir escenas que
requieren contacto físico en medio de una pandemia. Era complicado. En cada
grabación era infaltable, el personal de enfermería, el lavado de manos, los
parámetros previos, las pruebas de Covid-19. Él no sentía que el cine es un
lugar inseguro para asistir, había medidas de seguridad. Cree en que se reabrirán
poco a poco. Estar en Netflix no aseguraba que se recupere la inversión, dependían
de las salas de cine.
“Desafortunadamente, en el Perú aún no tenemos una industria del cine. En los últimos 10 años, las únicas películas que nos han representado en el exterior han sido “La teta asustada” y “Retablo”. Estamos hablando de solo dos o tres productoras que hacen cine nacional. La cultura no se trata solo de visitar un museo, la cultura es el cine, el teatro, la música. El cine tiene un lenguaje y eso es lo que vale. No importa el ¿Qué?, importa el ¿Cómo?”, afirmaba.
Rumbo incierto
El primer paso hacia su carrera artística
se inició a los 17 años en el taller actoral” Entre telones” con una
presentación en el teatro Mocha Graña. Aunque, la gran oportunidad para Gerardo
Zamora Flores surgió con la telenovela “Que buena raza”.
Luego de trabajar unos años en
televisión, incursionó en el mundo del cine en la película “Flor de Retama”,
“fue una bonita experiencia grabar en paisajes naturales, llegar a la pantalla
grande es una meta que uno se traza como actor”.
“Sin duda alguna, el cine ha sido uno
de los sectores más afectados por la pandemia, requiere de una gran inversión
conseguir el financiamiento. No hay garantía de producir de manera sostenida”.
Definitivamente, es todo un proceso, “esperamos que la llegada de las vacunas
corte las restricciones que estamos viviendo; sin embargo, lo importante es que
el público disfrute las películas desde casa y se olvide de los problemas”
mencionó.
Hace poco, culminó una participación
virtual con la productora “Butaca Film” en “Se están equivocando”. Actualmente,
sus proyectos audiovisuales, como “El cóndor en Nueva York”, próxima a
estrenarse; un fast film grabado en cuatro días, “Condenado, el precio de la venganza”
le han garantizado una estabilidad en el mundo del cine. Así como, su primera
incursión en una producción original de Netflix con Caracol de Colombia “La
reina de Indias y el Conquistador”. Asumió un papel importante, en una trama
que ambienta la época indígena de Colombia.

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